La naturaleza para los niños es como un parque de diversión, un remedio o un salón de clases. Cuando un joven tiene contacto con la naturaleza, le mejora la salud, la atención, la concentración, el desarrollo motor y cognitivo, y la seguridad, entre otros. Muchos centros educativos desarrollan actividades al aire libre como estrategia de apoyo escolar y como solución a dificultades de aprendizaje de algunos estudiantes.
En la actualidad, los niños tienen más asociado un pollo a un asadero que a un animal, la leche la relacionan más a un supermercado que a la vaca, lo que evidencia que en estos tiempos los jóvenes crecen sin salir de la ciudad y el conocimiento que tienen de la naturaleza lo consiguen a través de libros, vídeos o el colegio, es así, que hoy por hoy los psicólogos y educadores manifiestan que los niños que viven lejos del contacto con la naturaleza los puede afectar el trastorno por déficit de naturaleza y que se manifiesta a través de obesidad, estrés, trastornos de aprendizaje, depresión, hiperactividad, entre otras síntomas más.
La mayoría de pequeños salen de sus casas solo para ir al colegio transportados en autobuses o automóviles y se regresan por el mismo medio, cuando se quieren divertir lo hacen a través del computador o vídeojuegos, puesto que sus padres por sus múltiples ocupaciones que tienen y a falta de vigilarlos, los prefieren en entornos protegidos como sus viviendas donde no se ensucien o se mojen.
La naturaleza genera conocimiento.
En el pasado quedaron los chicos que se divertían libremente en el parque donde construían casitas con palos y ramas, cazaban insectos o tiraban piedras a los charcos para mojarse, según los psicólogos, educadores y expertos del sector, afirman que los niños que no cuentan con esos espacios de interacción con la naturaleza, pierden capacidades de desarrollo cognitivo y emocional como la dimensión de explorar y crear, por lo que la convivencia y solución de problemas se les vuelve más difícil.
Estudios afirman, que los niños que viven en el campo sufren de menos enfermedades y cuentan con mayor concentración y autodisciplina, de igual manera, coordinan mejor físicamente, son más ágiles y equilibrados, su imaginación se potencializa, su colaboración en grupos es más frecuente, son observadores y aumenta su capacidad de razonamiento, entre tanto, los jóvenes que viven en la ciudad tienen más temores de realizar actividades con poco riesgo, tienen pieles hipersensibles que desarrollan alergias, el sobrepeso es más común, son muy inseguros y sus problemas de aprendizaje se incrementan, motivos por los que dentro de las estrategias de apoyo escolar es fundamental que se generen actividades al aire libre que permitan desarrollar la formación de los estudiantes en entornos diferentes al salón de clase.
Actividades ecológicas como apoyo escolar.
Es importante que, en los colegios como parte del refuerzo escolar, incrementen sus actividades ecológicas para que sus estudiantes tengan mayores contactos con espacios abiertos que les de la capacidad de moverse libremente donde puedan observar los procesos que les da el entorno, esto les permitirá que puedan ejercitarse, pero al mismo tiempo que estimulen sus neuronas para que les ayude en sus procesos de aprendizaje y de igual manera en el control de sus emociones.
Expertos coinciden que el contacto con la naturaleza influye directamente en el movimiento, por su parte, la neurociencia ha comprobado que las actividades que hacen que el cuerpo se mueva, repercuten en la cantidad de conexiones neuronales favoreciendo una disposición cerebral abundante y diversa que propicia el desarrollo intelectual y el aprendizaje cognitivo, por tanto, el caerse, jugar, retarse con otros niños, atrapar insectos, y sembrar árboles, estimulan en gran medida el cerebro ayudando al equilibrio de las emociones, dado, que oler una flor, observar un bosque con arboles frondosos, contemplar el nacimiento de un animal, provoca en el joven sensaciones que luego ocasionan emociones que son fundamentales para fabricar conocimiento, esto es, porque el aprendizaje derivado de las emociones se registra fácilmente en la memoria por lo que es más difícil de olvidar.
Los entornos naturales y el equilibrio en los niños.
Educadores con más de 30 años trabajando coinciden en que los niños que vienen de zonas rulares tienen compartimientos más tranquilos se muestran más independientes con menos temores y se integran más fácil con sus compañeros, en contraposición, los chicos que llegan de ambientes urbanos son un poco más acelerados, se comunican en tonos altos, se apresuran para todo y quieren hacer las cosas como si el tiempo no les alcanzara, no les gusta ensuciarse o se quejan por caminar recorridos largos, además, pretenden que dichas actividades se adapten a sus necesidades y beneficios.
Entre tanto, los niños que interactúan con la naturaleza frecuentemente trastabillan menos al caminar, cuando se caen, se levantan y sin llorar continúan, esto se debe, a que están acostumbrados a manejar la tolerancia con los cambios del tiempo, si llueve, se mojan y soportan la ropa húmeda, si se tropiezan o se cansan, resisten y prosiguen, debido a esto son más equilibrados. El contacto con animales y plantas les desarrolla la empatía, el respeto y la observación, así como el contemplar pacientemente los procesos de la naturaleza les brinda tranquilidad y sosiego, estas y otras habilidades las desarrollan de forma natural.
La siembra de árboles como apoyo escolar.
La ciencia ha demostrado que los niños que pasan gran parte del día encerrados en sus viviendas son más introvertidos y desarrollan menor capacidad de superar situaciones difíciles que se reflejan en problemas de aprendizaje.
Lo cierto es, que se pueden citar muchos estudios que relacionan el estrés y la naturaleza donde los resultados indican que entre más próximo se este de entornos naturales menor será el estrés, no en vano, los centros educativos como colegios y universidades construyen sus edificaciones en torno a la naturaleza y es precisamente para que en los descansos los estudiantes se recuperen y mantengan la atención del desgaste que causan sus horas académicas y de paso generarles una mayor conciencia ambiental.
En la actualidad, algunos centros educativos desarrollan parte de sus clases en hábitats naturales, no es lo mismo ver un árbol en un libro que observarlo realmente y mejor aún, cuando se siembra pues, son actividades que desarrollan el aprendizaje y competencias como también, la creatividad e iniciativa que posteriormente las potencializarán en su vida social. Como apoyo escolar existen fundaciones que promueven la siembra controlada de árboles donde participan estudiantes que terminan viviendo una experiencia inolvidable.
Como conclusión, y si bien es claro, todos los beneficios que deja el contacto con la naturaleza en la salud de los niños y la ganancia en sus capacidades intelectuales y emocionales, lo cierto es que entornos educativos que incentiven, propicien y estimulen regularmente sus actividades en contextos naturales como recursos pedagógicos, conseguirán que los jóvenes aprendan a discernir, clasificar y a ordenar la información, y de igual manera, desarrollar sentido de pertenencia cuando se trate de proteger el medio ambiente.
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Autor: Milton Flórez.
Consultor en Marketing de Contenidos
Me parecio un articulo muy interesante,me surgen muchas preguntas al respecto.